domingo, enero 14, 2007

Cómo identificar y sobrevivir a los inútiles en el trabajo

Extraordinaria recopilación de características que hace el siguiente artículo, que promete dar "tips" para identificar y sobrevivir a inútiles e incompetentes varios en el trabajo.

Mientras que para lo primero estas pistas sí que son válidas, no estoy tan seguro de lo segundo: sobrevivir a estas especies suele ser bastante difícil, si no es aceptando las reglas del juego y dejándose manipular voluntariamente. De lo contrario, son tan duchos en el arte de la queja y de la culpabilización de los demás, que los que aparecerán como culpables al final del día de la mala marcha de la empresa son los más competentes, y no sus oponentes en la escala de la inteligencia (que no de la "listura"), como debería ser.


Estos inútiles en el trabajo, que dan dolores de cabeza a todo el que haya tenido la desgracia de toparse con ellos, pero que acaban siendo promocionados por encima de trabajadores de mucha mayor valía, por esas cosas inexplicables de la vida, presentan varias características que permite detectarlos:

  • Son espectadores. Siempre se mantienen al margen, no se involucran en nada y nunca son responsables de ningún desastre. Eso les permite mantenerse a flote en cualquier circunstancia.
  • Dejan pasar el tiempo. Intentan siempre que sea el tiempo el que resuelva todos sus problemas. Por eso, una de sus máximas es intentar que éste eche un tupido velo sobre los temas, aunque sean candentes.
  • Se rodean de inútiles. Si se trata de un jefe incompetente, busca inútiles bajo su cargo que no le hagan sombra. Si son empleados, hacen piña con otros que sean como ellos para hacerse fuertes.
  • Buscan la benevolencia del jefe. “Suplen sus carencias con una actitud servil con sus superiores, recurriendo incluso a favores fuera de la oficina”. Además de inútiles, entrarían en la definición de trepas. “Por eso es por lo que muchas veces tenemos la sensación de que se promociona al inútil, cuando en realidad lo que se está reconociendo es su labor de peloteo”, defiende Tomás Álvarez, director del Instituto de Psicología Empresarial (ISEP).
  • Estrategas del disimulo. “No saben hacer su tarea pero han desarrollado unas habilidades para disfrazar ese desconocimiento y que no se note. La necesidad agudiza su astucia, pero no la inteligencia”.
  • Actúan como vampiros. “Consiguen trasladar la responsabilidad y la carga de las tareas a los demás, y que éstos las asuman como propias para poder entregar en plazos, para hacerlo correctamente, etc.”, indica Antonio Galindo.
    El colmo de la incompetencia Lawrence J. Peter, en su archifamoso libro El principio de Peter, sostiene: “Con el tiempo, todo puesto tiende a ser ocupado por un empleado que es incompetente para desempeñar sus obligaciones … y el trabajo es realizado por aquellos empleados que no han alcanzado todavía su nivel de incompetencia”.
Y como estrategias de defensa ante estos bichos parasitarios del sistema corporativo (y no corporativo, incluso en una tienda de Zara, entre las mismas dependientas se reproducen fielmente estos esquemas), "los expertos" proponen:

  • Dialogar. Es cierto que en algunas tipologías de ineficaces, “puede tratarse de individuos con los que hablar sirva de muy poco, porque no están dispuestos a reconocer lo que se les dice, son impermeables a las críticas”, como reconoce Galindo. Sin embargo, en otros casos, una conversación puede resultar de lo más esclarecedora porque a menudo no son conscientes de que el problema radica exclusivamente en ellos, porque los tiempos han cambiado y no han sabido adaptarse, porque están asumiendo competencias para las que no están preparados o porque, simplemente, están atravesando un mal momento.
  • No colaborar. Se trata de no reforzar el vampirismo de los ineficaces. Hay que ser fuertes y, aunque nos den lástima, no asumir como propias responsabilidades ni tareas de los ineficaces. “Es como el niño pequeño que coge una perreta y consigue lo que quiere. Si el inútil, con su actitud, obtiene la meta buscada, siempre va a recurrir a la estrategia que tan bien le ha ido”, insiste Galindo.
  • Personaliza. Antes de emprender una cruzada contra él conviene saber a qué razón responde su ineficacia. Como recomienda Tomás Álvarez, “si es ineficaz porque no sabe, ofrécele formación. Si es ineficaz porque no puede, búscale un hueco donde pueda desarrollar mejor sus habilidades. Si es ineficaz porque no quiere, hay que ser capaces de analizar si el error está en nuestra organización y, en función de ello, poner remedio”.
  • Darle protagonismo. La propuesta de Toni López sería como una huelga a la japonesa pero en el terreno psicológico: “Si tienes un incompetente en tu organización, trata de darle protagonismo en una determinada área para que se sienta importante. A menudo, detrás de esa actitud de ineficiencia se esconde un resentimiento o una desmotivación que es necesario atajar antes de que el individuo pase a la categoría de cínico y empiece a enrarecer el ambiente. Si consigues involucrarle en algunos procesos en los que una mala gestión no tenga consecuencias excesivamente negativas, puedes descubrirle una faceta desconocida incluso para él”.
  • Ignórale. Esta estaría justo en el extremo contrario. Se trataría de hacer justo lo opuesto de lo que proponemos en el paso anterior: vaciar su puesto de contenido, bien porque desplazamos a los empleados a otro departamento, bien porque creamos un nuevo puesto con unas funciones meramente representativas.

En mi opinión, dialogar no sirve de nada con estos personajes, porque utilizarán ese tiempo para darle la vuelta al asunto, atacar al que va a dialogar con ellos, acusarle de "acoso" y "persecución", y entonces, una vez más, habrán conseguido autovictimizarse y que los demás vean al "dialogante" como el malvado y no al revés.

"No colaborar" tampoco sirve, pues es una estrategia muy peligrosa: en cuanto ven que se les cortan los vínculos que les permitía el vampirismo emocional, se vuelven agresivos y no dudan en ir chivándose a todo el mundo que fulanito o fulanita no quiere hacer su trabajo. Muy peligroso, porque los jefes se creen esta patraña, al no tener tiempo para investigar el fondo del asunto (además de que ellos mismos, en muchas ocasiones, forman parte de los inútiles) y porque siempre gusta ir en plan justiciero con aquello que es más fácil.

"Personalizar" y "darle protagonismo" son sólo paños calientes: es como intentar hacer un bizcocho de chocolate utilizando la vainilla de ingrediente principal: imposible; o se hace con chocolate o no se hace. Además, esto sólo lo pueden hacer los jefes, pero como digo (y como el propio artículo dice), la mayoría de los que promocionan son los inútiles que antes engrosaron las filas de abajo. Como bien indica el tercer punto del artículo que nos ocupa, a los jefes inútiles les gusta rodearse de inútiles, por lo que no es probable ni de que se den cuenta de que tienen a un inútil a su servicio ni de querer quitárselo de encima.

Y el último punto, "lo de hacerle el vacío", eso es equivalente (y la definición misma) del "acoso moral" o "mobbing", por lo que no puedo estar de acuerdo con ello. ¿Qué impide despedirle por la vía rápida, por qué tantos remilgos para despedir a estos sujetos? Una vez que uno (que tenga poder de decisión, claro) se da cuenta de que tiene a un vampiro emocional y a un parásito a su servicio, lo mejor es dejarse de tonterías y ponerle fin al asunto. Eso sería lo más lógico, pero recordemos quién suele estar en las posiciones de decisión, por lo tanto, es mucho más probable que los despidos se produzcan entre la "población" de seres competentes que entre la de los parásitos. C'est la vie.

PS: por cierto, extraordinaria ilustración la que he encontrado para ilustrar este artículo, con mensaje subliminal y todo, a ver quién lo encuentra...

7 comentarios:

Cineahora dijo...

Sigo votando por tu (excelente) 'blog' en 20 Minutos!
Y agradecerte muchísimo tu mensaje, porque algo notaba respecto a que mi contador de votos no funcionaba bien.

Un abrazo !

Er kemao dijo...

Algunos de esos teníamos en mi empresa y en caso de que dijeran algo de ti, ni con testigos te iba a creer el jefe. Es una cosa curiosa, sobre todo cuando el gerente sabe que clase de comportamiento tienen. Me ha ocurrido en un par de trabajos. ¿Hay algún tipo de estudio que analice ese tipo de ceguera en los jefes?

porfineslunes dijo...

er kemao: jaja. No olvides que los ahora jefes (la mayoría) fueron los inútiles y chivatitos de antes, a los que ascendieron en razón del Principio de Dilbert: "a los inútiles se les pone en aquellos puestos de la empresa donde resultan menos dañinos: en la gerencia". ;)

Anónimo dijo...

excelente articulo!! si, yo tambien me he topado tengo mucho inútil en mi vida...y de verdad que cuadran perfectamente con lo que pones en el articulo. el caso más flagrante que he tenido, es en el de mi último trabajo, supervisores absolutamente inútiles que promocionaron por ser amiguitos de o estar liados con....y es "supuestamente" una empresa conocida y de pretsigio...mi pregunta es¿por qué pasa esto en España? yo tengo amigos fuera y ellos me cuentan que en sus empresas el que vale,vale y el que no o a la calle o no promociona!! efectivamente y como tu dices, ¿que hay de malo en cortar el problema de raiz?? supongo que con eso de las indemnizaciones,hasta ahora estaba muy complicado el tema del despido..pero ahora! a ver si es verdad y empiezn a rodar algunas de estas "cabezas" pensantes,porque al final siempre son los mismos los que enrarecen el ambiente!!

simplementefuncionaria municipa de Chile dijo...

Que te puedo decir FRUSTRANTE, nada sacamos con un análisis de estos " personajes " si al fin y al cabo, son los que ganan en las organizaciones, en mi depto., estamos ante varios seres de esta índole, honestamente ,me dan deseos de llorar!!

Unknown dijo...

me hace mucha gracia por que justamente es lo que tienes que hacer si quieres sobrevivir en esta vida , a las personas que piensas por si mismas o simplemente tienen talento , las poderosas las aplastaran sin clemencia alguna

Anónimo dijo...

osea
que si tienes un parasito te jodes, porque no hay remedio