Empleados de segunda mano: ¿son como los coches de ocasión?


En estos tiempos de crisis está muy a la moda despedir a diestra y siniestra, pero una pregunta surge: ¿a dónde van todos esos trabajadores? (bueno, ahora ex-trabajadores). Al paro, dirán algunos poniendo los ojos en blanco al leer esto. Pero estos nuevos parados no desaparecen, no se esfuman, siguen ahí, en la sociedad... bueno, un poco menos, porque es probable que muchos de ellos hagan vida de bata y zapatillas casi todos los días por casa. Algo que no pudieron hacer durante mucho tiempo, un lujo inalcanzable cuando de levantarse a las 7 de la mañana se trata para empezar a currar a las ocho y media.

Pero, alguna vez tendrán que salir de sus madrigueras, de sus mullidas y bien calentitas camitas de por la mañana, alguna vez se les acabará la alegría de poder despertarse a la hora que les dé la gana, pongamos a las 11, por ejemplo. Alguna vez se mirarán al espejo y exclamarán: "ya estoy harto de verme en mis ropas de ir a jugar al golf, quiero volver a ponerme traje y corbata". Sí, bueno: una cosa es decirlo, y otra es conseguirlo.

Cuando sienten que están preparados para volver al mercado del trabajo y ya casi, casi que sienten el crujir de las fotocopias entre las manos, tiemblan de emoción al acordarse de lo divertida que era la Blackberry y de los buenos ratos que pasaban en compañía de los colegas poniendo a parir a la gente en la salita de los cafés a media mañana, se preparan para el gran paso: enviar su curriculum y volver a ser parte de la sociedad que cuenta (la que gana dinero para gastárselo luego en chorradas y gilipolleces, por si a alguien se le escapaba).

Pero ¡ah! amigo: no todo es tan fácil. Hace falta valor y mucha suerte. Porque cuando uno tiene que poner en el CV al lado de los últimos meses: "estar en el paro y sacarme los mocos tendido en el sofá", pues como que las empresas no se lanzan a quitárselo de las manos... (el moco, no... el empleado). Porque un empleado con mucho tiempo en el paro y despedido de su anterior empresa por algún ERE, "reforma estructural" o "deslocalización forzosa a la India" parece un coche de segunda mano: algo que en una ocasión alguien dejó de querer y abandonó a su suerte. Y, además, de la manera más fea posible: llevándose algo nuevo a cambio (un pobre indígena de la India, contento de ganarse unos "dolaréeee").

Ante las negativas de darle un nuevo empleo, ante el rechazo de las empresas y la dureza de tener que aguantar un "descarte" tras otro en su cuenta de Infojobs, uno no puede sino sentir que la sociedad le ha dejado de lado, que lo nuevo es lo que se lleva, se siente como material usado, puesto a resguardo durante un tiempo y también siente que quitarse el óxido va a llevar su tiempo. La pregunta incluso surge: ¿alguna vez este ex-empleado volverá a ser el mismo que era? La respuesta es no. Nunca será el que era, porque antes de pasar por el traumático proceso de un despido él o ella era una persona a la que nunca antes (probablemente) había rechazado una empresa. Era un éxito, una buena persona, una estrella en su propia vida. Era como esos proyectos de cantantes de Operación Triunfo de 19 años, guaperas y cachas, a los que se les pide que canten sobre el desamor, ese tema universal de toda canción mítica que se precie. Sencillamente se quedan en blanco, porque no pueden. No han vivido nunca esa situación porque ellos siempre se llevaban a la chica.

Pues así eran esos ex-trabajadores. No sabían lo que era que te rechazaran día sí, y día también. No sabían lo que era la cola del paro, la indignación consigo mismo y con la vida. De repente, les arrebataron el protagonismo de sua propias vidas y les quitaron el brillo a su propio reflejo en el espejo. Y cuando se convierten en ex-ex-empleados, empiezan a sentirse extraños en sus propios cuerpos cuando por fin consiguen un nuevo trabajo, porque sienten que no pertenecen allí. La mayoría de los que le rodean no han pasado por ese trance, han seguido trabajando, mientras ellos les sacaban brillo y volvían a pulir sus CV's. Y empiezan a darse pena a sí mismos.

Conclusión, si crees que la vida o la sociedad te trata como a un coche de segunda mano, y que no te mereces que te pase lo que te pasa, haz lo que se suele hacer en esos casos: trampas con el kilometraje. Recupera parte de tu tiempo perdido mintiendo en el CV, sabiendo que es bastante difícil que te cojan, porque los que contratan casi nunca comprueban referencias. Si la vida te hace trampas, haz tú más. Al fin y al cabo, se trata de tu propia supervivencia. Y no seas un coche de ocasión: aprovecha para una operación de chapa y pintura para conseguir ese puesto de responsabilidad que nunca te dieron en tu anterior empresa. Ya verás qué bien te lo pasas. Pero tienes que tener los nervios de acero. Tienes que estar seguro de tí mismo, como lo tiene que estar un coche de ocasión cuando se le compara con los nuevos, nuevecitos. El caso es que el coche de segunda mano ya tiene su kilometraje hecho, y ya se sabe unas cuantas. Por eso, cuando lo coges está ya engrasado. Sácale el máximo partido.