
El autor cuenta cómo cada día hay menos cosas que le sorprenden: los mensajes publicitarios siempre son los mismos, las cartas de los menú siempre están presentadas de la misma forma, las sonrisas de las azafatas en los aviones siempre son iguales,..., es decir, mucha uniformidad por todas partes en el mundo (basta con darse una vuelta por Paris, Madrid o Londres, cada vez más nos encontramos con la misma retahíla de tiendas uniformizadoras en todas partes: Zara, Gap, Sephora, Nike, Adidas, etc...). Lo original pierde fuerza y presencia, todo el mundo hace copy-paste.
No es de extrañar, entonces, que a poco que algo sea original e interesante, la gente se abalance a por ello enseguida. En realidad, no es que ya no queramos originalidad y cosas auténticas, es que cada día hay menos talento (y ganas de sacarlo) para aportar innovación.
¿Acaso tan difícil es tener ideas nuevas o es que, simplemente, en un mundo tan automatizado y "en serie" como éste, la inventividad ya no está de moda?
1 comentario:
Siempre hay sitio para la originalidad. Seguro que hay muchas cosas,pero no las vemos porque no nos llegan.
Lo otro es la normalización y la globalización de la sociedad ¿Los de marketing no se dedican a crear necesidades? Pues mejor que lo necesiten 1000 millones de personas que sólo 1 millón. Además un mundo homogéneo es más fácil de dirigir ;)
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