jueves, febrero 22, 2007

Cuando el talento no cuenta

En el siguiente artículo publicado por Fortune se afirma sin tapujos que

"La falta de talento es irrelevante para el éxito. El secreto es practicar arduamente y trabajar duro."

Esta afirmación:
"La realidad es que no somos prisioneros de un determinado nivel de talento. Nosotros podemos convertirnos en lo que queramos. "

levanta mucha polvareda, porque tal como afirma el propio periódico:
"Extrañamente, esta idea no es popular."

Creo que, si bien el estudio tiene partes muy ciertas, como que la base de todo éxito sería:

- perseverancia - práctica - concentración (focus)

a la hora de sacar conclusiones salta demasiado lejos y cae algo fuera del tiesto, al afirmar que el talento es completamente irrelevante para conseguir un nivel alto (o incluso muy alto) de éxito.

Sinceramente, estoy un poco harto de los posicionamientos políticamente correctos de hoy en día, que se han generalizado tanto a todos los ámbitos que parece que ya no queda resquicio para la lucidez y para decir las cosas como son. Hacerlo arreglaría probablemente muchas más cosas que seguir engañándose poniendo paños calientes.

Resulta que ahora hemos pasado de discriminaciones radicales al "buenismo" exagerado y sin fundamento. Pretender que todo el mundo pueda alcanzar el máximo éxito en lo que cada uno buenamente se proponga, sólo a condición de que trabaje duro, es utópico y totalmente incierto, porque si bien hay un montón de gente que tiene ganas de aprender el piano, la verdad es que en la mayoría de los casos los sonidos que producen dan dolor de cabeza, por muchas horas que le dediquen al tema.

La mayor parte de la gente hemos nacido con talento realmente para una única cosa, sea ésta el bailar encima de un escenario, cortar mejor que nadie los setos del jardín o ser el más popular de todos los grupos sociales que se tercien. Aplicando estos talentos a actividades equivalentes (por ejemplo, el que es popular y con verborrea podría alcanzar muy fácilmente el éxito en una empresa cuya cultura se base más en la popularidad que en la excelencia), es posible tener un gran éxito. Hay que trabajárselo, por supuesto, pero si uno no está dotado para los discursos, difícilmente podría ser un político ganador en las elecciones (y no digo un político bueno). A la gente que no vale para una cosa se la huele enseguida, por mucho esfuerzo y empeño que le ponga a la cosa. Por el contrario, el que está naturalmente gifted para esa tarea, con menos esfuerzo que el no talentoso conseguirá el doble de resultados y en menos tiempo.

Además, esa es precisamente la filosofía de las empresas a la hora de seleccionar personal: no van a coger a los más patosos o a los menos capaces, esperando que una vez en la empresa le dediquen horas y horas hasta llegar a saber hacer algo medianamente bien (aunque luego, no se sabe cómo, resulta que dentro de las empresas hay un montón de estos torpes). Cogen directamente a los que demuestran más capacidades naturales, no se rompen la cabeza con el resto. Selección natural, que lo llaman. Si no, precisamente la expresión "selección de personal" no tendría sentido si todo el mundo pudiera servir para todo a condición de meterle horas al asunto.

Más o menos, la conclusión sería que si bien con sólo tener un talento natural no basta para triunfar en la vida y hay que trabajarlo, el no tenerlo y pretender suplirlo sólo con horas de machaque y empecinamiento obcecado no garantiza que se vaya a llegar más allá de una cómoda mediocridad. Por ello, transformaría la pomposa aseveración del Fortune en una frase más o menos tal que así:

" El secreto del éxito está en descubrir el verdadero talento de uno y trabajarlo lo suficiente hasta llegar a triunfar."

O lo que es lo mismo, y a lo que hacía mención precisamente en el post sobre si el líder nace o se hace: "de donde no hay, no se puede sacar" o incluso "no por mucho madrugar, amanece más temprano". Tan castizo y tan cierto.

4 comentarios:

Telémaco dijo...

Tienes toda la razón. Y me gustaría tuvieses todavía más razón.

Pero por desgracia la mayoría de las veces la diferencia entre triunfar y no triunfar, depende exclusivamente de la valoración de tus actitudes y aptitudes que realicen ciertas personas.

Si esas personas tienen talento para realizar su valoración tendrán en cuenta el talento de la gente a que valoren. Pero si esas personas no tienen talento no valorarán el talento de forma positiva, si acaso al contrario.

porfineslunes dijo...

Has dado en el clavo, telémaco: precisamente iba a hacer mención de esta circunstancia mientras estaba escribiendo el post, y luego se me ha pasado. Uno de los problemas de la gente con talento que no sea freelance o deportista de élite, donde los resultados hablen por sí mismo, es que precisamente depende de la valoración de otra gente, que muchas veces no tiene talento y que se siente envidiosa de los talentosos. Y entonces no hay nada que hacer, porque es como en el cole: el que sacaba mejores notas siempre caía mal a los últimos de la clase, por razones obvias. Sin querer referirme a la notas de cada uno, en las empresas se da una situación similar: los peores de la clase (los que no tienen talento) son muchas veces los encargados de juzgar a los talentosos, y entonces la cosa se jodió, porque está claro que nunca les van a reconocer el talento, por pura envidia. Yo lo llamo: la revancha de los de la última fila.

Telémaco dijo...

Buena analogía esta de la escuela. En el colegio al menos luego llegaban los exámenes que ponían a cada uno en su sitio y te abrían el paso al curso superior.

Si en las empresas fuese así...

Posible es porque yo conozco algún caso y de empresas exitosas, por ejemplo el de Ericsson, en el que la carrera profesional de sus trabajadores es pública, objetiva y transparente. Que distintos somos por aquí.

porfineslunes dijo...

Es verdad, lo iba a mencionar también en mi comentario, y luego lo borré, para no hacerlo más largo.

Es verdad, por lo menos en el cole tenías al profe que, justamente lo que quería es que cada uno fuese el mejor posible.

Y las notas del exámen eran incontestables, además en el exámen cada uno se enfrentaba solo a la "adversidad", dependía de sus propias fuerzas. En las empresas, sin embargo, los cobardes se unen para hacer frente común y vengarse de su falta de excelencia en el cole.