Aunque los que hayan nacido durante el último baby-boom conocido por la civilización europea, esto es, durante los años 70 del siglo pasado (qué mal suena eso...) ya se habrán dado cuenta de la certeza de esta aseveración, nunca está de más recordárnoslo con "cariño"...
Sí, vamos a recordar unas cuantas cosas. A ver, tú: el de la camisa roja o violeta, que estás ahí apoyándote en la pared con tus treinta y muchos añazos... ¿cómo llevas la vida? Esa vida dorada que te prometieron, diciéndote que, si ibas al cole y luego a la Uni, tu existencia deslumbraría a los editores del Fortune por su increíble éxito y logro en todos los ámbitos laborales, habidos y por haber. ¿Qué? a que se ha cumplido todo lo que dijeron...? a que ahora piensas en serio que los mayores que te decían esas cosas hace unos años tenían una increíble razón...?
Sí, yo también lo pienso. También pienso que lo que dijo mi profe de Filosofía no una, sino varias veces, esto es, que nos íbamos a estrellar todos en la vida, ahora casi, casi que se ha cumplido... que ¿por qué lo dijo él? Porque era un cabrón. Porque no se puede decir eso a chicos jóvenes impresionables de apenas 16-17 añitos. No cuando le estabas escuchando con una atención enorme, a la espera del siguiente discurso, cagándose en todo lo que se menea...
Pero creo que en algo tenía razón. En que éramos muchos, demasiados. Mi generación - la nacida a partir de la 2ª mitad de los años 70 - tuvo que sufrir algo desconocido hoy en día: la masificación. Una masificación terrible: en el jardín de infancia, en el parque de juegos, en el cole y en la Uni. Ahhh... ¡la Uni! Recuerdo que nosotros estábamos hacinados uno 250 en una clase de esa inmensa donde "apenas" cabían 150... sentados. Había incluso gente de pie, en los pasillos, atendiendo la clase. Y en medio de los pasillos, había sillas, muchas sillas con su correspondiente mesilla tipo avión donde luchábamos por que cupieran los cuadernos, libros y bolis que necesitábamos para cada clase... Y aún así los bolis y lápices se nos caían al suelo.
Pues de esos lodos, vinieron estos lodazales... Antes éramos muchos, ahora seguimos siéndolo... a menos que la hayan palmado ya algunos - porque la Ley de Darwin no deja de existir, se quiera o no - seguimos siendo muchos para las mismas colas, pero distintas cosas: listas para alquileres sociales, viviendas de protección oficial, subvenciones, ayudas, trabajos, el paro... Muchos de la misma manera que en el parquecillo del jardín de infancia. Nos han cargado con un fardo muy pesado, nuestros padres
folladores. Pero ¿qué pasó en los 70 que tenían que traer tanto niño al mundo?... ah, sí, dicen que la prosperidad post-crisis del petróleo... pero esos últimos años también ha habido mucho dinero, más que antes, y los padres de ahora son más egoístas, más individualistas, no tienen tantos hijos... quieren más tiempo para sí mismos. Hacen bien. Follan igual que antes, pero con condón.
La conclusión de todo esto, es que estoy muy cabreada con mis padres "folladores". No tenían que haber traído tantos problemas al mundo. Si ya es duro estar vivo, estarlo dentro de la generación más numerosa de la Historia de la Humanidad, según se atestigua en todos los informes - y si no os lo creéis, id a consultar a la Wikipedia... -, es una cabronada... Una cabronada que no hemos dejado de pagarla entre todos, mientras nos damos de codazos, nos peleamos por un centímetro de existencia, una bocanada de aire o una subvención empresarial... Seguimos estando los mismos, incluso nos reconocemos las caras a veces, y nos acordamos con toda nuestra rabia de las palabras del profe aquel: "os estrellaréis porque sois demasiados". No le creímos.
Pues ya estamos aquí. ¡¿Y ahora qué hacemos?!