lunes, agosto 01, 2016

Los machitos no lo entienden

Tengo enfrente de mí un machito (otro), que se revuelve en el asiento porque le incomoda en grado sumo ver a una mujer manejar un ordenador en el metro. No podía ser de otra forma: ya se sabe que las mujeres sólo ocupan su tiempo con una cosa - pintarse las uñas - y sólo sirven para una cosa - servir a los machitos -.

El machito que tengo delante (el enésimo al que le sobreviene este fenómeno) está leyendo un libro. Probablemente una novela de esas de top ventas del VIPS, aunque también podría ser algo más serio. No vamos a quitarle méritos por nada.

La verdad es que me da igual, Y precisamente el hecho de que me dé igual es lo que causa tantos problemas. A mí y a los demás. No sabría decir, honestamente, a quién en mayor medida.

No es una situación fácil: imaginemos. Un machito, educado en lo más profundo de las provincias (vascas, para ser más exactos), al que se le revuelve el estómago al observar un comportamiento inhabitual en una propietaria de un chocho, a saber, algo que no está relacionado con consultar el WhatsApp por enésima ver en el móvil para ver qué cuenta la prima acerca de su última no-conquista en el bar del pueblo. Al machito le sorprende y le revuelve tamaña actividad intelectual en la propietaria de una vagina, espera que la propietaria del chocho esté haciendo algo mínimamente estúpido para poder justificar sus prejuicios sobre las mujeres (son todas unas tontas), algo que le tranquilice en su papel de machito dominador en la sociedad. Me está mirando como si yo tuviera alas o fuese una especie rara: "una mujer escribiendo en un ordenador portátil en el metro, y con pinta de lista"... no puede ser, algo anda mal. En la cabeza del machito.

Enésima tos incómoda. Le estoy poniendo de los nervios...

Bien.

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