martes, abril 24, 2007

Poniéndose piedras en el propio camino

Qué gran texto:
Hay muchas maneras de ser desgraciado. A mí me encanta ésa en la que uno mismo va colocando piedras en el sendero, para tropezar con ellas y darse una hostia padre. Sí; además no intenta ocultarlas, están visibles. Sabe que se hallan ahí, conoce el lugar exacto; aun así se permite el placer de no obviarlas y de caer y llorar.

Pero basta de lloriqueos infructuosos. Los mayores obstáculos son los que nosotros mismos ponemos. Nos limitamos, cercamos nuestras emociones, sueños e ilusiones. Es un craso error, sí… pero inevitable. Parece justo pensar, por tanto, que la mentalidad a adoptar es otra: luchar contra aquéllo que nos atenaza, sin miramientos.

No dejes que el miedo sea el director de tu vida. Ese puesto te corresponde a ti; y el de actor principal, guionista, productor… Esta es tu película. Disfrútala.

Via | El Cisne Alado

4 comentarios:

Doctora Yvonne dijo...

me sirvió recordar el poder paralizante que tiene el miedo, me sirvió pensar en mi vida como una película que yo dirijo. Son cosas que uno ya oyó y que ya "sabe", pero que nunca recuerda lo suficiente.
saludos

cebolla dijo...

Sí, señó. Muy de acuerdo. Tiene que ver con una exhaustiva investigación que estoy llevando a cabo y que tiene que ver con por qué coños hacemos lo que hacemos y no otra cosa. Novedades próximamente.

porfineslunes dijo...

Pues nada, cebolla: esperamos sus noticias próximamente :)

El texto es de esos que te hace despertar, al menos por unos instantes. Y es verdad: casi todo lo malo que nos pasa (o lo bueno que NO nos pasa) se debe al miedo: al cambio, a avanzar, a verse obligado a probar el propio valor allá abajo, en la arena de la vida real. Ojalá no tuviéramos ese miedo incrustado.

Erkemao dijo...

Muchas veces somos nosotros los que nos ponemos nuestros propios barrotes (lo sé muy bien). En uno de los post del blog de Cebolla se comentaba este tema. Tal vez nos dé miedo la libertad y no saber cuan lejos podemos llegar, porque luego estaríamos a mucha distancia de la seguridad de nuestra autoconstruida prisión personal. Y eso nos da miedo.
¡Quién sabe!