martes, julio 10, 2007

¿Dejarías el trabajo de tu vida por el amor de tu vida?


¿Lo dejarías todo por seguir a tu alma gemela al otro lado del mundo (o de los Pirineos, ya puestos)? ¿Hasta qué punto antepones el amor al trabajo y viceversa?

El cliché nos dice que son las mujeres en su mayoría las más predispuestas a abandonarlo todo para adaptarse al nuevo estilo de vida del hombre, gracias a su mayor flexibilidad y adaptabilidad. Y eso incluso en los casos - sangrantes - de mujeres que ganan más y tienen un puesto de más responsabilidad que su pareja.

A la inversa, el hombre casi nunca suele dejar algo bueno por irse con una mujer. Yo diría que si lo hace es siempre porque su situación actual no le permite evolucionar, y decide huir a refugiarse con la novia o mujer para tener un "pie en tierra" y poder empezar desde cero a construirse algo. Es realmente inaudito ver a un hombre abandonar una carrera con posibilidades y un buen salario "sólo" por "fugarse con su amor. Ese tipo de romanticismo ha pasado ya a mejor vida.

Como ejemplos de estas situaciones, voy a mencionar tres casos reales a los que he asistido:

1. El de la mujer que lo deja todo por apoyar la carrera de su marido. Una niña brillante, licenciada por ICADE y contratada en Ferrovial, con una ascensión fulgurante: en menos de dos años era ya responsable de equipo y ganaba por encima de los 1800 euros al mes (y eso hace 5 años). Decide casarse con su novio desde hacía cinco años y un año después ya tiene el niño. Cuando a éste le destinan a Suiza, ella hace las maletas, abandona su carrera con un porvenir excelente y se traslada con toda la troupe a su nuevo país. Su marido obtiene un puesto más bien mediocre, pero había sido presionado por la empresa para irse. Ella decide cambiar de estilo de vida radicalmente y se dedica a quedarse en casa todo el día, en un país cuya lengua no habla, a cuidar del niño y... a estudiar para oficial del Ayuntamiento de Madrid. Una persona que sólo dos meses antes había estado gestionando cuentas multimillonarias y dando órdenes a gente mayor que ella. Ni que decir tiene que se agarra una mega-depresión al cabo de 6 meses, no logra estudiar y después de un año no aguanta más y se busca un trabajo en una firma peletera española en Suiza. Después de otro año el marido le hace otro niño y ahí se acaba la historia. Desde entonces, está recluida en casa, cuidando a los niños, ha tenido que volver a dejar su recién encontrado trabajo y le está empezando a coger una rabia tremenda a su marido. Nadie sabe cómo acabarán, pero lo que está claro es que ella cayó en la trampa de las mujeres que se casan con gente de la clase aburguesada y de derechas: el papel tradicional de la mujer se acaba imponiendo en el 99% de los casos.

2. El del hombre insatisfecho con su vida actual que se va con su novia a cambiar de vida. Responsable de Estudios de Mercado en Inglaterra. Lleva menos de dos años en el puesto. No ve claro su futuro y no le gusta lo que hace. Ha ido dando tumbos por la empresa desde que entró hace unos 5-6 años. Se muestra casi siempre arisco y odia que le den órdenes desde la Central de la empresa, que para más inri ni siquiera es inglesa, con la manía que le tienen los ingleses a todo lo del otro lado del canal. Al final, acaba dejándolo todo y yéndose con su novia Tailandesa a las playas de Goa en la India para convertirse en ...¡monitor de buceo! Un ejemplo típico de reconversión en función de la realidad, con el añadido de que su "novia" tailandesa habrá ayudado a endulzarle la acogida en Oriente.

3. Y tercer caso: otro arquetípico. Mujer que se resiste al principio a abandonar su carrera pero que al final acaba cediendo. Tomemos el caso de un hombre joven, de unos 26 años. Ocupa un puesto intermedio que le puede dar mucha visibilidad y ofrecer grandes oportunidades al cabo de un año. Gana mucho dinero y ocupa un apartamento privilegiado en el corazón de Paris. Su novia desde los 14 años, pero a períodos intermitentes es una maestra de parvulario que vivía hasta el momento en Méjico. El chico joven acaba de mudarse desde Londres a Paris y abandona convenientemente a su novia inglesa que le había hecho compañía en su periplo londinense. Lo hace por carta y sólo dos semanas después de haberse instalado en Londres. No la quiere, sólo la utilizó para hacerse un grupo de amigos mientras estaba en Londres, tal como confiesa. Coge un avión y va en busca de la "mujer de su vida" que vive al otro lado del mundo, en Méjico, se la trae a Paris y le impone una vida espartana. Ella no habla francés, no encuentra trabajo y él nunca está en casa antes de las 10 de la noche.

La chica coge una crisis de ansiedad, le pide que vuelva antes del trabajo, que pase más tiempo con ella y le propone volver juntos a su país donde los dos puedan encontrar un trabajo a su medida. Él no quiere sacrificarse, dice que le importa mucho su carrera y que no abandonará su estilo de vida porque le da dinero y éxito profesional. Tampoco quiere pasar más tiempo con ella entre semana, porque implica pasarlo menos en el trabajo y le dice que ya tendrán las vacaciones para pasar tiempo juntos. Y, sin embargo, siempre dejó claro que ella era LA mujer de su vida con mayúsculas. Ella quiere marcharse a Madrid donde le ha salido una buenísima oportunidad de convertirse en Directora de un Kindergarten. Él está indeciso, pero le dice que aún así no está dispuesto a abandonar su trabajo y que si ella se quiere irse a otro país a encontrar trabajo, que adelante. El fin de semana lo pasa con otra mujer, con la que lleva tiempo tonteando. Su novia, tras el período de reflexión, decide volver con él a Paris aunque no tenga una vida propia allí. Siguió trabajando de teleoperadora y él persiguiendo sus sueños.

Parece ser por estas historias que los clichés sobre el amor y la capacidad de sacrificio de cada uno de los sexos se confirman. De momento, a la inversa sólo conozco el caso del Rey Eduardo VIII que abandonó el trono de Inglaterra por una norteamericana divorciada. Y aún así no está claro que no lo hiciera porque la corona no fuese demasiado pesada de llevar.


5 comentarios:

Yoriento dijo...

jejje Me parece que la pregunta es un poco tramposa y con animo polemista, como debe ser, porque si tu estilo de vida no le da mucho peso al trabajo, o le da mucho más a otros factores (paternidad- familia, comodidad, estabilidad, no movilidad geográfica, etc.)aunque tengas que dejar el mejor trabajo posible no será nada dramático... Luego por supuesto vendrán las quejas, pero son las típicas de no poder tenerlo todo.

porfineslunes dijo...

Hmmm... Pues no, mi pregunta no es polemista, es totalmente sincera. Otra cosa es que sea polémica para según qué gente, que no acepta la inversión de ciertos roles en la sociedad.

Pero lo que yo pregunto es lo siguente: teniendo uun muy buen trabajo y un muy buen amor, si por cuestiones de movilidad de tu amor tuvieras que perderlo si no renunciaras a tu trabajo, ¿lo harías? Y ahí ya no interviene el gusto por la movilidad de nadie: se trata de un hecho excepcional y que pone a prueba muchas relaciones. Aunque creo, y con razón, que muchas se rompen porque precisamente no eran relaciones reales, sóoo eran buenas mientras una de las partes obtuviera todo sin poner nada de su parte.

vaderetrocordero dijo...

En mi caso acababa de terminar los estudios de documentacion sanitaria = puesto de responsable de archivo en la SS (como mucho, aun espero que se abra la bolsa de trabajo). Antes habia estudiado filologia francesa. Y mientras, hacia siete años que sobrevivia como mùsico de orquesta. Mi chica francesa està a punto de acabar arquitectura. Siempre lo he tenido muy claro: su carrera es la que prima. He abandonado toda esperanza de funcionariado y una "trayectoria" de mùsico profesional. Està claro que seré yo el que acabe en casa con los niños mientras estudio periodismo, que en el fondo es lo que siempre quise hacer (y no pude), y de momento reciclado a profe de español. A ver qué cojones da todo esto.

porfineslunes dijo...

vade: pues ya nos contarás qué tal se te da eso de estar estudiando Periodismo con niños a la vez... ;) Si es que es lo que yo siempre digo: hay que estudiar por vocación. Así, si las cosas salen mal, siempre se podrá decir que "me quiten lo bailao". Es peor de arrepentirse de no haber hecho cosas, que de haberlas hecho.

Maria dijo...

¿No creeis que tal vez haya que considerar las necesidades que tiene cada uno y sus objetivos, y que posibilidades hay de combinarlas y satisfacerlas? El amor es muy importante pero lo que viene después es la convivencia. Si no hay una aceptación y una comprensión profunda de las propias necesidades y de las del otro todo tiende a esfumarse, porque como dicen los científicos la biología del enamoramiento tiene fecha de caducidad y las decisiones que se toman bajo su influjo tienden a ser un tanto inmaduras.